A medida que continúa la lucha venezolana, EEUU debe seguir brindando apoyo hasta que el régimen se derrumbe

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Juan Guaidó y la oposición venezolana lanzaron el martes 30 de abril un levantamiento civil contra Nicolás Maduro, pidiendo el apoyo militar para poner fin al actual régimen venezolano.

La decisión de la oposición venezolana de comenzar lo que Guaidó llamó «Operación Libertad» se basó en el supuesto de que los sectores críticos del ejército y el aparato institucional del régimen cambiarían de bando.

Se creía que los desertores clave en el régimen de Maduro incluirían al Ministro de Defensa, Vladimir Padrino; el presidente de la Corte Suprema de Venezuela, Maikel Moreno; y el jefe de la guardia presidencial, Iván Hernández.

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Sin embargo, esas expectativas no se cumplieron. Ninguno de los tres se unió a las fuerzas de la oposición. Por otro lado, el número de disidentes no fue suficiente para poner fin al régimen.

Estos eventos llevaron a algunos a especular que el intento de derrocar a Maduro había fracasado.

Aunque el plan no funcionó como se esperaba, sería prematuro declarar lo que sucedió el 30 de abril como un fracaso. En cambio, es hora de considerar un Plan B.

Primeramente, es importante señalar que el Plan A no ha realmente fallado. El opositor político más importante, Leopoldo López, fue liberado de arresto domiciliario con la ayuda de las fuerzas armadas desertoras que apoyan a Guaidó. Otros disidentes, sobre todo el ex jefe de inteligencia
Christopher Figuera, abandonaron a Maduro y declararon su apoyo a la «Operación Libertad«.

Lo que estamos viendo es una situación en la que el régimen, a pesar de no haber sido derrocado todavía, está mostrando serias grietas. Esto indica que no es el momento para que los rebeldes se den por vencidos, ni tampoco para que la comunidad internacional, especialmente los Estados
Unidos, abandone sus esfuerzos por democratizar a Venezuela.

Evocando la cita del legendario Patrick Henry que sirvió como slogan de la revolución estadounidense e inspiró los movimientos de independencia en América Latina, el colapso del régimen de Maduro es una cuestión de «libertad o muerte» para el pueblo venezolano. Los ciudadanos venezolanos están luchando por su libertad. Si esta batalla no se gana los venezolanos, se verán obligados a vivir en una situación de tiranía, así como de esclavitud física y espiritual, como han vivido los cubanos durante las últimas seis décadas.

Para los Estados Unidos, la supervivencia del régimen significa que el hemisferio occidental, la región de la cual los Estados Unidos son parte, continuará infectado con más anarquía, tráfico de drogas y terroristas extranjeros. Además de eso tal situación les daría una ventaja estratégica
cada vez mayor a sus adversarios.

Efectivamente, la crisis venezolana pondrá a prueba la medida en que Estados Unidos es capaz de controlar el poder ruso y mostrarle al mundo que no es una superpotencia en declive. Pero una muestra de debilidad por parte de Estados Unidos podría generar una situación similar a la de
principios de la década de 1960 cuando, luego de la crisis de los misiles en Cuba, el líder soviético Nikita Khrushchev forzó al presidente John F. Kennedy a garantizar la integridad del régimen de Fidel Castro. Esto ayudó a convertir a Cuba en un estado sedicioso que amenazaba con desestabilizar a múltiples países de la región y, eventualmente, convertirse en un impune
narco-estado.

El 2 de mayo, el New York Times admitió el hecho de el actual Ministro de Industria y ex vicepresidente de Venezuela, Tarek El Assami, ha traído a militantes de Hezbolah al país.

Hezbola se asoció con narcotraficantes y cooperó activamente en la producción de cocaína. Esto es solo la punta del iceberg de un serio peligro que hemos venido denunciando desde hace casi dos décadas.

Más importante aún, el informe del Times se originó en la comunidad de inteligencia venezolana que reveló una fractura significativa en las fuerzas de seguridad supuestamente leales al Sr. Maduro. La salida de Figuera lo confirma. Además, se podría especular con cierto grade de certeza de que Padrino, Moreno y Hernández no cooperaron con la oposición porque fueron descubiertos por la inteligencia cubana. De hecho, Maduro ya sabía sobre el complot el lunes 29 por la mañana, lo que obligó a Guaidó a iniciar la «Operación Libertad» un día antes de la fecha prevista del levantamiento popular. Aprovecho esta oportunidad para señalar que cada dictadura, y más aún cada dictadura totalitaria, teme a los militares, ya que es la única institución con el poder de destituir al régimen. Por lo tanto, tiene sentido que Padrino haya estado bajo una vigilancia estricta, porque Maduro no confiaba plenamente en él o en la institución militar en general.

Siguiendo esa lógica, también me atrevería a apostar a que el ejército está intimidado precisamente porque el régimen se apoya en Cuba. La participación directa de la Dirección de Inteligencia Cubana, que es una de las agencias de inteligencia más efectivas del mundo, aumentaría a medida que se agraven las grietas dentro del establecimiento de inteligencia y
seguridad de Venezuela. En este sentido, la amenaza del presidente Trump de imponer un bloqueo total a Cuba es un paso en la dirección correcta y debe implementarse lo antes posible.

¿Entonces que se debería hacer?

En el último tiempo surgieron informes de que la Administración Trump podrá buscar un cambio de régimen a través de una mediación cubana. El problema con esta opción es que aparenta ser un gesto desesperado y una especie de reconocimiento de que el levantamiento del 30 de abril
fracaso. Esto sería negociar bajo una posición de debilidad que daría a Cuba una indebida influencia en las negociaciones. De hecho, el gobierno cubano bajo la presidencia de Miguel Díaz-Canel y la estricta vigilancia de Raúl Castro, ya declaró de que Maduro debería ser parte de la negociación. Cualquier negociación que incluya la participación de Maduro abortaría el
propósito final que es destituir al régimen totalitario. Maduro no dará el brazo a torcer y Cuba menos aún.

En el pasado reciente, hemos sugerido bloqueos navales y aéreos en Venezuela. Este podría ser un primer paso para evitar los envíos de armas y otros suministros de Rusia, Irán o China.

Pero además de esto habría que recurrir a una concentración de tropas a lo largo de la frontera Colombo-venezolana. Esto podría ser un arma psicológica poderosa ya que podría equilibrar la intimidación a la que los oficiales venezolanos que desean terminar con el régimen de Maduro
están sujetos. A la vez tal paso también podría acobardar a los oficiales leales a Maduro sino y estimularlos a la deserción. Del mismo modo, sería importante ofrecer garantías a los oficiales militares y de seguridad de que no serían procesados ​​si aceptan unirse a la oposición.

Las sanciones estadounidenses obviamente han ayudado a cambiar las mentes de ciertos sectores leales al régimen. Esto es ciertamente alentador. Sin embargo, a medida que las armas y la asistencia extranjera intentan rescatar al régimen de Maduro, los Estados Unidos deben proporcionar a la oposición venezolana un respaldo real o sea una dosis de despliegue muscular.

No solo está en juego la seguridad nacional de los EE. UU., sino también su papel como líder del mundo libre.

El Dr. Luis Fleischman es Asesor Principal del Proyecto de Seguridad Hemisférica Menges en el Centro de Políticas de Seguridad en Washington DC. También es profesor de Sociología en Palm Beach State College. Es el autor del libro, «América Latina en la era posterior a Chávez: la amenaza de seguridad para los Estados Unidos».

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