Artistas cubanos denunciaron en la OEA el aumento de la censura estatal en la isla

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«Esto no es una pipa», se reiría Magritte ante el dibujo de una pipa. Las imágenes son traicioneras. Lo sospechan las dictaduras: un cuadro puede ser un arma ideológica subversiva. Un fotografía puede servir a los intereses de los enemigos de la revolución. Una escultura no es una expresión artística, necesariamente crítica, contestataria en buena ley, sino una amenaza al poder político. Así piensan los opresores. Así lo entiende el régimen castrista que hoy encabeza Miguel Diaz-Canel.

En Cuba el retroceso de la libertad de expresión y la censura de las ideas contrarias a los intereses de la revolución se agrava: el decreto 349, publicado el año pasado en La Habana, le aplicó una vuelta más al torniquete que atenazaba ya la producción artística, la colocó bajo el ojo vigilante del control estatal y criminalizó sus expresiones. Ese decreto es denunciado ahora en una campaña que los artistas cubanos realizan fronteras afuera, para denunciar y darle visibilidad a la represión.

«El arte en Cuba es más necesario que nunca«, afirmó el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro. «Es necesario para exponer los desafíos de la represión» en un Estado «que pretende controlar el trabajo de los periodistas y los artistas por temor a que las ideas nuevas muestren la realidad de la situación», agregó.

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La OEA se hizo eco hoy de la situación. En el Salón de las Américas de su sede de la capital norteamericana tuvo lugar este mediodía un «Diálogo sobre la Libertad Artística en Cuba» del que participaron, entre otros, el secretario Almagro, el representante permanente de Estados Unidos, Carlos Trujillo, la subsecretaria adjunta del Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos, Carrie Filipetti, y el Relator Especial para Libertad de Expresión de la CIDH, el uruguayo Edison Lanza.

Sobre el escenario estuvieron también los artistas cubanos David Escalona y Michel Matos, ambos músicos, y el periodista independiente Henry Constantin, editor de la revista La Hora de Cuba, quienes denunciaron que el régimen «está convirtiendo a los artistas en delincuentes«. A cada lado del escenario dos pantallas gigantes proyectaron las obras de autores como Yasser Castellanos, David Omni, Gabriel Coto y Amaury Pacheco, entre otros, nucleados algunos de ellos en el «Grupo de artistas contra el decreto 349». Una imagen muestra a un grupo de artistas con sus bocas cruzadadas por cinta adhesiva.

«Iniciamos esta campaña porque descubrimos que nuestra vida estaba hipotecada por esta ley«, describió Matos. «Corremos peligro al venir acá, pero más peligro corremos si nuestra situación no se visibiliza y nuestra campaña no es conocida», sostuvo.

En diálogo con Infobae expresó luego que las restricciones que sufren los artistas «están lejos de haberse relajado» en Cuba, pese a que el final del gobierno de los hermanos Castro marcó el inicio de una era de cambios en la isla. «La información todavía circula bajo control estatal y es muy restringido el acceso a Internet y a las redes sociales«, dijo.

Almagro describió la vigilancia, las detenciones arbitrarias y los interrogatorios que han padecido artistas y periodistas en los últimos tiempos y reivindicó el poder del arte, que «nos permite mantenernos vivos, expresarnos y ser libres». Reprimir sus expresiones, señaló, «no es funcional a esa dinámica».

Trujillo, el embajador de Donald Trump ante la OEA, coincidió con Almagro y afirmó que «es fundamental denunciar los abusos de la dictadura» cubana. Filipetti añadió que «la promoción de la democracia en Cuba es una de las prioridades» en la agenda de la administración republicana.

Escalona fue perseguido y detenido. El régimen cubano le aplicó el rigor de la censura. Pero confía en que el arte siempre encuentra un camino para llegar a la gente. Con el decreto 349 «están convirtiendo en ley medidas coercitivas que siempre se han aplicado», dijo. «Es imposible en Cuba tener acceso a información sobre líderes políticos y sociales» que cuestionen al gobierno, señaló. «Pero en las calles se escucha música y se ven expresiones que transmiten esa información» contraria a los intereses oficiales. Lo que no se puede expresar libremente por otros medios, sostuvo, «lo estamos haciendo con sonidos y colores».

Constantin ofreció otra nota de optimismo en un panorama en el que ser optimista parece una empresa difícil. «Limitar el arte -aseguró- es limitar el alma humana, y eso siempre fracasó».

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