El trágico final de Yhoifer Hernández, el joven de 14 años asesinado por las fuerzas chavistas que soñaba con ser policía «pero de los buenos»

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«La bala venía desde La Carlota«, contó José Gregorio Hernández, su padre. Yhoifer Hernández, de 14 años, salió con él a las calles de Caracas a clamar por el fin de la dictadura. Por la vuelta de la democracia en Venezuela.

Yhoifer era estudiante. Cursaba el segundo año de bachillerato en el colegio José Cortés de Madariaga, de La California, en Caracas. Su padre maneja un transporte de mudanza y había comenzado a manejar un taxi para llevar algo más de dinero a su casa, en medio de la crisis que azota al país.

Yhoifer era el mayor de tres hermanos por parte de madre. Pero el único hijo de su padre. Vivía en La Urbina junto a sus abuelos, su tía y su papá.

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El último martes, Yhoifre y su padre habían salido a las calles como miles de venezolanos apenas se enteraron de la liberación de Leopoldo López y de que algunos militares se habían revelado y estaban intentado tomar la base aérea de La Carlota. Pensaron que el día de la libertad finalmene había llegado, pero la esperanza se fue apagando con el correr de las horas.

El miércoles 1° de mayo estaban cansados. Alrededor de la 1.30 del mediodía  salieron a llenar el tanque de gasolina del carro en una estación que se encontraba cerca de la nueva manifestación convocada por Guaidó y, a petición del joven, decidieron quedarse, contó su padre a Infobae.

«Papá yo me voy a adelantar un poco para ver allá abajo«, dijo Yhoifer a su padre, refiriéndose a la protesta que estaba ocurriendo en el distribuidor Altamira, cerca de donde ambos se encontraban (La Floresta).

Lo último que Hernández le escuchó decir a su hijo fue: «Hablamos, papá«, mientras le daba la mano para despedirse.

Pasaron alrededor de 15 minutos. José Gregorio le seguía el paso a su hijo. Entonces se oyó la primera ráfaga. Fueron cinco o seis disparos. Seguidamente, unos minutos después, Hernández creyó haber visto pasar a Yhoifer junto con los paramédicos en una moto.

Su intuición de padre le indicó que era él, su hijo, ese con el que iba para todas partes y con quien, asegura, era muy unido.

Se informó y logró confirmar que lo trasladaban a la clínica El Ávila, uno de los lugares en los llegan heridos de manifestaciones, y donde Yhoifer llegó desmayado por el impacto de bala que recibió en el abdomen.

«El niño está muy grave«, le dijeron en la clínica, mientras intentaban salvarle la vida en el quirófano.

Yhoifre Hernández murió al día siguiente, durante la mañana del 2 de mayo, en el centro hospitalario.

Él le decía a su padre que había que salir de este gobierno, que la situación era insostenible. Ya el dinero no alcanzaba y las cosas no se conseguían. Todo había cambiado.

El 29 de julio cumpliría los 15 años de edad y quería ir a la playa con sus amigos. Le encantaba el mar y el fútbol, aunque no logró inscribirse en ninguna academia por los altos costos y por la situación del país. Su equipo favorito era el Barcelona y, en béisbol, apoyaba a los Leones de Caracas. Soñaba con ser policía, «pero de los buenos».

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