La embajada de Caracas en Washington, el otro escenario de la crisis venezolana

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La sede diplomática de Venezuela en Washington está cerrada con candado, desde el cuarto piso cuelgan carteles colocados por activistas favorables al régimen chavista que dicen «No al golpe», pero en la acera hay pancartas con la figura de Nicolás Maduro con un rótulo que dice «usurpador».

Desde hace semanas, la encrucijada que enfrenta Venezuela entre la dictadura de Maduro – apoyado por Rusia y China – y el líder de la oposición Juan Guaidó, apoyado por Estados Unidos y más de 50 países, también trasladó la pugna a la sede diplomática en Washington.

Un grupo de activistas estadounidenses que se agrupó en el Colectivo para la Protección de la Embajada (Embassy Protection Collective) vive desde hace semanas en la sede, con la anuencia del régimen.

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El propósito de los activistas es impedir la entrada de los delegados de Guaidó y custodiar el recinto tras la salida de los últimos diplomáticos del gobierno el 24 de abril, después de que ambos países rompieran relaciones.

El miércoles un equipo de la compañía PEPCO cortó la electricidad del lugar, dejando a la luz de la vela a los activistas instalados adentro.

Para Carlos Vecchio, el representante de Guaidó en Estados Unidos, reconocido por Washington como embajador, esto es darles a los «invasores» de su embajada «un poco de la experiencia de vivir en Venezuela», en referencia a los apagones que afectan al país.

Vecchio afirmó el sábado que desde el 1 de mayo dio su consentimiento a las autoridades norteamericanas para «recuperar» la embajada.

«Ya he firmado todos los documentos necesarios para eso (…) Queda en manos del Departamento de Estado y el Servicio Secreto«, dijo en un comunicado.

Desde el levantamiento fallido de un grupo de militares contra Maduro la semana pasada, se registraron protestas espontáneas de venezolanos que quieren sacar a los activistas de la sede diplomática. 

Ahora, la acera frente de la sede diplomática ubicada en el elegante barrio de Georgetown parece un campamento, con cuatro toldos que protegen del sol a los venezolanos que buscan entrar.

Tienen un generador, comida y café para pasar el rato mientras impiden que activistas ingresen comida al edificio.

El himno venezolano suena varias veces al día, las botellas de agua se acumulan, hay toallas húmedas y hasta ropa tendida.

Algunos instalaron carpas para dormir y también plantaron cruces para recordar a los muertos en la ola de las protestas contra el gobierno en 2014.

Caracas exige proteger el edificio

El canciller chavista, Jorge Arreaza, exigió al Departamento de Estado de Estados Unidos que cumpla «con su obligación como signatarios de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas» y proteja el edificio, tal y como su gobierno hace lo propio con sus instalaciones en Caracas.

En su artículo 22, la Convención de Viena establece que «los locales de la misión son inviolables» y estipula que «los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellos sin consentimiento del jefe de la misión».

Pero el Departamento de Estado dijo que «el gobierno venezolano, liderado por el presidente interino Juan Gauidó, tiene la autoridad legal sobre la embajada en Washington».

«Cualquier persona no autorizada en la propiedad es un intruso», advirtió.

Para Fernando Cutz, ex asesor de la Casa Blanca y actual experto de The Cohen Group, «la razón para no involucrar a la policía es intentar de resolver esto de una forma pacífica».

«La estrategia es dejar que la cosa se calme un poco y que entonces más gente quiera irse a sus casas (…) con cada persona que se vaya, se hace más fácil resolver la situación de una forma más apropiada y pacífica«, explicó a la AFP.

Con información de  AFP

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