Los casos de balas perdidas sin resolver en CdMx

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La Procuraduría capitalina aún no ha resuelto dos casos de víctimas de balas perdidas: el de Aideé Mendoza, fallecida el 29 de abril de 2019, tras recibir un impacto calibre nueve milímetros cuando tomaba clases en un salón del CCH Oriente.

Y el de Hendrik Cuacuas, de 10 años, quien murió después de dos días a causa de un proyectil que traspasó el techo y se alojó en su cabeza cuando veía con su papá la película Ralph, el demoledor, en la sala del Cinépolis de Plaza Ermita, el 2 de noviembre de 2012.

En ambos casos los peritajes revelaron que los disparos se hicieron desde el exterior del salón de clases del plantel de la UNAM, y desde afuera del complejo cinematográfico, respectivamente.

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A la fecha, las dos muertes siguen impunes y fueron consecuencia de balas perdidas calibre nueve milímetros, según la procuraduría.

El caso de Aideé, alumna del CCH Oriente

La bala que mató a Aideé fue disparada desde el interior del CCH Oriente, pero afuera del salón de clases, a una distancia no mayor de 40 metros de donde se encontraba, por lo que se descartó que el tiro proviniera de las instalaciones de la Secretaría de Marina que están a unos metros del CCH Oriente.

En esto coincidieron los peritajes que realizaron por separado la Procuraduría General de Justicia Militar, la Procuraduría capitalina y expertos del Instituto Politécnico Nacional; en contraparte, el dictamen que elaboraron especialistas de la UNAM discrepa de estos resultados.

La procuradora Ernestina Godoy Ramos ha asegurado que “el caso no está cerrado” y que continúan las investigaciones que se han realizado con “tecnología de vanguardia” con el fin de “localizar al o los probables responsables de estos hechos sensibles para la sociedad en general”.

En un comunicado reciente, indicó: “desde el inicio de las investigaciones, la PGJCdMx mantiene contacto permanente con la familia de la joven, se le comunican los avances de las diligencias y se le sigue dando acompañamiento con atención integral, apoyo sicológico y jurídico.

“En este como en todos los casos, la Procuraduría capitalina, de manera paralela a las investigaciones, le brinda también un trato humano y sensible, con respeto a los derechos humanos a la familia”, puntualizó.

Pese a las promesas, la muerte de Aideé continúa impune.

Hendrik veía una película cuando una bala lo mató

Estaba con su padre Enrique Cuacuas y su hermana. Aprovechando que era día de asueto, 2 de noviembre de 2012, veían la película Ralph, el demoledor. De pronto, comenzó a convulsionar. La bala atravesó el techo de la sala y le dio en la cabeza. Falleció el 4 de noviembre, durante una operación.

“Por la dirección y análisis de la caída de la bala, el orificio corresponde al asiento 16 de la fila G, donde peritos químicos encontraron rastros hemáticos, una vez analizado el tipo de orificio, el perito en criminalística determinó que el disparo fue realizado desde el exterior de la plaza comercial y con una trayectoria de sur-oriente a nor-poniente”, explicó entonces la Procuraduría.

De acuerdo con la necropsia, el proyectil entró por la región parietal del lado derecho, con trayecto de arriba abajo, de derecha a izquierda. “El proyectil extraído fue enviado al laboratorio de balística y se determinó que el calibre es nueve milímetros”.

​bgpa

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