Los sangrientos colectivos chavistas, vanguardia de la represión lanzada por el régimen venezolano contra el levantamiento militar

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(Twitter@calindignado/NTN24)

«¡No van a poder! Invitamos a todo el pueblo de Caracas, a los milicianos, a las UBCH, los colectivos a venirse al Palacio de Miraflores«, lanzó el líder chavista y presidente de la ultraoficialista Asamblea Constituyente, Diosdado Cabello, poco después de que el presidente interino Juan Guaidó anunciara la «fase final» de la Operación Libertad contra la «usurpación» del gobierno de Nicolás Maduro.

De esta forma y a través de un entrevista para la cadena Venezolana de Televisión, Cabello envió a los temidos colectivos, fuerza paramilitar adictas al régimen y vinculadas a la ilegalidad, a convertirse en la primera línea de choque contra el levantamiento promovido por la oposición.

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(Twitter/@AbreuReport/Noticias Caracol)

El chavista también extendió su pedido a las milicias bolivarianas, cuerpo de civiles mal entrenados y peor equipados con los que el régimen ha planeado blindarse; a los «motorizados», bandas criminales leales a Maduro y, se cree, surgidas de los colectivos para atacar manifestaciones opositoras, saquear y amedrentar; y a las Unidades de Batalla Hugo Chávez (UBHC), brazo armado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Es decir, a todas las fuerzas irregulares de las que dispone Maduro ante una rebelión que ha surgido de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), sin que esté claro aún el alcance del levantamiento y cuántos miembros del ejército, fuerza aérea y marina se plegarán a la rebelión o a la represión.

Los colectivos y los motorizados fueron, de hecho, los primeros en enfrentarse a los militares opositores apostados en el distribuidor Altamira y en las cercanías de la Base La Carlota, en las afueras de Caracas, donde Guaidó, proclamado presidente interino por la Asamblea Nacional, convocó una movilización general junto al también líder opositor Leopoldo López.

Noticias Caracol mostró imágenes de diferentes chavistas a bordo de motocicletas, movilizados alrededor de la zona mientras se escuchaban numerosos ruidos de detonaciones. Lo mismo hizo la cadena NTN24.

Algo similar reportó el periodista Orlando Avendaño, columnista en Panam Post. «Disparos en La Carlota. Serían milicianos o paramilitares del Estado. Atacan a militares que están en Distribuidor Altamira. Situación confusa», indicó en su cuenta de Twitter.

Al respecto, uno de los militares que se han sumado al levantamiento convocado por Guaidó, identificados por una banda azul en el brazo, señaló que «sólo queremos vivir en paz y en este momento no queremos enfrentamientos», en compañía del presidente interino, de acuerdo a NTN24.

«Solamente estamos aquí con las armas de la República para garantizarle la seguridad al pueblo venezolano. Tenemos información de que venían civiles armados a agredir al pueblo venezolano, por eso estamos aquí con nuestras armas de reglamento», dijo, en referencia a los colectivos.

«Lo único que les puedo decir es que hay muchos como yo. Nos ha embargado una política de terror, y el terror no deja que nosotros pensemos y salgamos adelante», agregó.

De la lucha armada a la represión fanática y la ilegalidad

La historia de los colectivos y otras fuerzas paramilitares se remonta al pasado de lucha armada que tuvo lugar en Venezuela, según explicó el coordinador del Programa Venezolano de Educación – Acción en Derechos Humanos (Provea), Rafael Uzcátegui, en una entrevista con Infobae.

En la década de 1980 y 1990 estos grupos se pacificaron y pasaron a la lucha legal y la disidencia en universidades públicas, pero con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 volvieron a cobrar importancia. 

La Coordinadora Cultural Simón Bolívar es «el gran origen» de los colectivos en su versión actual, que progresivamente se acercaron al PSUV hasta convertirse en los guardaespaldas de sus funcionarios y luego en defensores violentos de la llamada Revolución Bolivariana.

En 2013 comenzaron sus labores de «seguridad ciudadana» y en 2014 tuvieron su bautismo de fuego en el rol en el que acapararon su más infame reputación: la represión brutal de las manifestaciones opositoras a Nicolás Maduro.

Aunque están armados, sus tácticas varían dependiendo la situación y muchas veces se limitan a usar palos o incluso se valen de la presencia en masa de sus motocicletas, uno de os símbolos más fuertes de colectivos y motorizados, para generar miedo.

Rápidamente el régimen advirtió que el uso de los colectivos era un elemento disuasorio ideal, ya que a su brutalidad y fanatismo se sumaba su ilegalidad, lo que provocaba en sus víctimas el terror a realizar denunciar por temor a represalias.

Uzcátegui explicó también que su financiamiento se da a través de los planes sociales. El gobierno les otorga partidas para sus proyectos culturales y gestionan además tareas públicas como la distribución de alimentos. «También podemos suponer que hay un financiamiento no visible. No todos, pero una buena parte de ellos se financia de actividades ilegales», agregó el coordinador.

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