Los tuits de Carluxo que sacuden a Brasil

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Carluxo Bolsonaro, el segundo hijo del presidente brasileño, se enfrenta a un general de cinco estrellas con un arma mortal: un celular desde donde dispara tuits. El general es un estratega filoso y muy paciente que ocupa la Vicepresidencia de la República. Aún no desenvainó el sable, pero todos saben que cuando lo haga, va directo a atravesar el pecho del enemigo. Carluxo oficia de escudero de su padre y hace su trabajo con tanto celo que hasta desobedece sus órdenes. Uno acusa al otro de querer derrocar al presidente para quedarse con el puesto; el aludido dice que lo está defendiendo de las malas influencias. Una pelea propia de una ficción política que en Brasil se sigue como telenovela de la tarde. El detalle es que nada de todo esto es imaginación literaria. Es la realidad que sacude al gigante sudamericano y el desenlace aún no está escrito.

«É de menino que se torce o pepino», dice un viejo refrán portugués. Describe a los hijos que no obedecen a sus padres. Fue muy recordado en los últimos días en los pasillos del Planalto. Carlos Nantes Bolsonaro, de 37 años, diputado de la legislatura de la ciudad de Río de Janeiro, se encerró durante la Semana Santa y desde un bunker lanzó varios mensajes amenazantes contra el Vicepresidente, Hamilton Mourão, que terminaron enfureciendo a toda la cúpula militar. Cuando el presidente Jair Bolsonaro intentó calmar las cosas, Carluxo se hizo el distraído y continuó jugando con fuego en 140 caracteres.

Las tesis conspiratorias contra Mourão ganaron fuerza con los «análisis» del filósofo Olavo de Carvalho, un ex astrólogo que vive «exiliado» en una casa de un bosque de Virginia, en Estados Unidos, y que es considerado el hombre que más influye en las posturas de extrema derecha del presidente Bolsonaro. Olavo graba videos caseros desde el living de su casa que tienen cientos de miles de seguidores en Youtube. En esos «mensajes» es donde repite que el ex general Mourao está conspirando para derrocar a Bolsonaro para quedarse con la presidencia. Carluxo compró la tesis y le puso algunos condimentos de su propia cosecha.

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Olavo publicó un video en el que fustigaba a los militares en el poder. Dijo que la última contribución de las escuelas militares fueron las obras de Euclides da Cunha (1866-1909), un ingeniero militar que influyó en los cuarteles con su obra. «Los militares sólo hicieron cagadas al entregar el país a los comunistas», golpeó al filósofo. Mourão se sintió tocado y defendió a sus pares uniformados. Dijo que «Olavo debería limitarse a la astrología». Eso desencadenó la guerra que colocó a Carluxo en la primera trinchera del frente.

El hijo presidencial comenzó a hablar en sus mensajes de «ese tal Mourão» y subió el video de Olavo al canal oficial de su padre en Youtube mientras replicaba algunas frases en su cuenta de Twitter. El video fue sacado del aire, pero el daño ya estaba hecho. Los militares comenzaron a deliberar sobre lo que estaba pasando. El portavoz del Planalto, el general Otávio Rêgo Barros, salió a aclarar que el presidente deseaba poner un punto final en la polémica y que no estaba de acuerdo con las críticas de Olavo. Pero eso no fue suficiente para Carluxo, quién sin importarle el esfuerzo de su padre por poner paños fríos, continuó disparando contra Mourão.

El presidente intentó comunicarse con «el garoto» sin éxito. Carluxo estaba encerrado en un club de tiro de Santa Catarina, donde pasó el «feriadão» de Pascua. Desde la campaña maneja la cuenta de Twitter de su padre y manda mensajes en su nombre. Fueron ocho mensajes directos diciendo que Mourao buscaba derrocar al presidente. En el medio se coló otro escándalo. El ex diputado Jean Wyllys, que se hizo famoso por ganar el concurso de Gran Hermano y fue el segundo congresista abiertamente gay de la historia brasileña, denunció amenazas contra su persona y se fue del país por temor a que lo maten. Mourão declaró que Wyllys no debería dejar Brasil, porque el gobierno tendría como defenderlo. Carluxo consideró que se trataba de una postura desleal, ya que Wyllys era un enemigo político de su padre. «Es extrañísimo su alineamiento con políticos que detestan a los Bolsonaro», escribió.

Las acusaciones de traición terminaron disgustando a otro alto militar del gobierno, Augusto Heleno, el ministro jefe del Gabinete de Seguridad Institucional (GSI) y uno de los principales consejeros de Bolsonaro. Le dijo al presidente que «el 02», que es como denominan en la jerga militar al segundo hijo del primer mandatario, estaba amenazando la gobernabilidad. Lo que estaba defendiendo Heleno era la posición más moderada de Mourão que viene actuando de mediador ante la beligerancia del presidente. Kleber Carrilho, profesor de la Universidad Metodista de San Pablo y experto en comunicación política, lo explicó de esta manera a la revista Isto é: «Mourão es un estratega. Como todo general, tiene una capacidad de observación de escenarios bastante interesante. Si buscamos en sus antecedentes, vamos a ver que no es un pacificador, pero que sabe adaptarse a las circunstancias y controlar muy bien sus impulsos. Entendió que debía mostrarse diferente de Bolsonaro, que tiene ese discurso más rabioso. Percibió que podría encarnar la figura del conciliador y en ese papel es que trata de alejar al gobierno de las posturas de gente como Olavo o de los hijos del presidente».

Los generales retirados que conforman un tercio del gabinete de 21 ministros creen que los ataques a Mourão tienen el propósito de impedir que se apruebe el paquete de reformas económicas que impulsa el presidente. «Estamos perdiendo tiempo con todos estos mensajes de Twitter. La economía está empantanada, el desempleo aumenta y nosotros estamos discutiendo algo sin sentido», comentó a la agencia Reuters uno de esos ministros militares. Otros, centran el problema en que «gobierna una familia no un presidente». «Los clanes políticos siempre estuvieron presentes en los gobiernos estatales, pero nunca vimos nada parecido a esto a nivel federal. Se trata de hijos con real poder a nivel nacional», explica Carlos Couto de la Fundación Getulio Vargas. Carluxo es uno de los cuatro hijos y una hija que Bolsonaro tuvo en sus tres matrimonios.

Mourão tampoco es tan inocente. Tiene posturas muy diferentes a las del presidente y maneja los hilos del poder con maestría y mucha frecuencia. Se opuso fuertemente a la posición de Eduardo Bolsonaro, el tercer hijo y diputado nacional, que junto al canciller Ernesto de Araujo propician un alineamiento incondicional con Estados Unidos en su política hacia Venezuela, Israel y China. Mourão se opone a cualquier tipo de intervención militar en Venezuela. También se negó a apoyar el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén porque eso sería enemistarse con los países árabes y perder un importante mercado para los cortes halal de las carnes brasileñas. Y cree que hay que acercarse a China porque allí hay grandes oportunidades para los productos brasileños.

Eduardo le dijo al diario O Estado de S.Paulo -O Estadão, para sus lectores- que «lo que causa todo este ruido son las sucesivas declaraciones del Vicepresidente que contradicen a las del Presidente de la República. Si él es un verdadero soldado del presidente, entonces todo va a volver a la calma y colocarse en su lugar». Una amenaza velada de la otra espada familiar con la que cuenta Bolsonaro.

Y los militares que aparecían como los principales aliados del presidente que llegó al Planalto para imponer el orden, ahora se distancian y se quejan de que no los escuchan. Creen que la interferencia de los hijos del presidente es una anomalía grave. Dicen: «Hace mucho que nos deshicimos de los reyes. Somos una República no una monarquía». Y algunos columnistas brasileños ya tratan a Carluxo como un príncipe celoso de la seguridad del rey. Es lo más parecido, dicen, a un heredero enojado y encerrado en el ala más alejada del palacio que pasa información confidencial a los chimenteros de la realeza.

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