¿Qué diablos le pasa a Uribe?

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Me volví fan de Álvaro Uribe luego de que él empezó a darle plomo a la guerrilla de las FARC. Bueno, no exactamente él; pero sí permitió que grandes generales y oficiales de nuestro ejército combatieran a los terroristas. Ningún otro gobierno lo había permitido antes. Con excepción de Guillermo León Valencia y -antes de cometer el error de conversar con ellos- Julio César Turbay, los gobiernos liberales y conservadores habían sido socios de la maldad de estos siniestros bandidos.

Uribe venía de las toldas socialistas del samperismo, en el Partido Liberal y tenía muchos amigos y compañeros en la izquierda que se hacía llamar “izquierda democrática”, esa que fingía respetar la democracia y, al mismo tiempo, servía de aliada o como fuente de cuadros del Partido Comunista para avalar las atrocidades de los marxistas e impedir, desde las posiciones que estuvieran, que se combatieran los brazos armados del comunismo.

A sabiendas de esto, no fui parte de esas masas de ciegos y sordos, y mucho menos mudos, que aplaudieron como focas los grandes errores que cometió Uribe en sus gobiernos. El mayor de ellos: dejar viva a la culebra, financiarla, y permitir que se exterminara al glorioso Ejército Nacional desde las trincheras judiciales ocupadas por esa plaga que se hace llamar “izquierda democrática”, “progresistas”, “extremo centro”, “tercera vía”, etc. La designación de Juan Manuel Santos solo fue otro error más de Uribe quien, dejándose asesorar por los malditos tramposos de su camarilla, o por su propia convicción, terminó de sumir a Colombia en este despeñadero en el que estamos.

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Uribe combatió el brazo armado del comunismo, pero financió a los protectores y aliados del mismo. Millones fluyeron para el cura Francisco de Roux, le entregó el manejo de la Memoria histórica a terroristas indultados y los costeó con multimillonarios recursos para que le torcieran el pescuezo a la verdad de nuestra historia. También drenó millones de dólares hacia Frank Pearl y otros auxiliadores de los terroristas.

Permitió también que el terrorista indultado Carlos Franco, junto a Juan Manuel Santos, el general Carlos Suárez Bustamante “la Machaca” y otros izquierdistas dieran inicio a la fábula que se conocería como “Los Falsos Positivos”, esto es, que era política de la institución el que generales y coroneles ordenaran el asesinato sistemático de civiles y campesinos para, en retribución, tener un fin de semana de vacaciones o una medalla, un pase de cortesía para irse de farra al prostíbulo del pueblo. (Ver artículo acá)

Semejante monstruosidad fue montada por Santos, La Machaca y Franco, y contó con el apoyo del entonces comandante de las Fuerzas Militares, Fredy Padilla de León (otro mamerto), y con el aval del presidente Álvaro Uribe Vélez, quien -el 28 de octubre de 2008, en un discurso tristemente memorable- empezó la orgía destituyendo fulminantemente a 27 de los mejores oficiales combatientes.

Antes, el 14 de junio de 2006, Camilo Ospina y Mario Iguarán, a la sazón ministro de Defensa y Fiscal General de la Nación, profirieron un acto administrativo que llamaron: “Apoyo a la Justicia Penal Militar” cuyo objetivo no era apoyarla sino aplastarla completamente. Los “Falsos Positivos” solo fueron un paso más en el propósito de arrodillar a nuestro Ejército.

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